Podríamos decir que sus padres contaban con una muy buena situación social, económica y sentimental por el buen matrimonio que llevaban, sin embargo en el momento de agrandar la familia, el hijo deseado no llegaba. Pero ellos nunca perdieron la fe, y con la confianza puesta en Dios, finalmente llegó Roque.
La realidad en ese momento, no era para nada sencilla, tal como hoy, (salvando el tiempo y las distancias) había miedos, rencores, conflictos, y sobre todo desigualdades. Era una época llamada feudalismo, donde el señor feudal, contaba con todos los derechos, sin ninguna obligación, y sus servidores estaban sujetos a sus mandatos. Frente a este panorama fue que San Roque no bajó los brazos, salió al encuentro sin dejar ligado a la decisión de las personas poderosas, el destino de aquellos que más lo necesitaban.
Emprendamos ahora este caminar, dispuestos a recibir el mensaje que Dios, por medio de esta procesión nos quiere transmitir a cada uno de los que hoy nos encontramos aquí.
Parada 1
Como verán tenemos un cuadro por completar, no vayan a creer que nos hemos olvidado de la imagen. Pero este rompecabezas queremos ir armándolo junto a ustedes.
Cada pieza lleva una frase escrita. Algunos ya las habrán escuchado o leído en los folletos. Se trata del testamento que dejó el papá de San Roque, Juan Rog, a su hijo como proyecto de vida, y que nosotros hoy queremos recordar para poder vivir día a día nuestra experiencia como hijos de Dios.
La primera frase es:
“Sirve, fielmente, al Señor.”
Lo lindo de este consejo es que nos invita y nos convoca a Servir a Jesús, llamándonos a servir en su palabra y en su mensaje, que no es otra cosa que transmitir y contagiar lo que Él nos enseñó haciéndose uno de nosotros. Dejándonos la responsabilidad de llevar a los otros la alegría de sabernos Hijos de Dios. Sin embargo este servir a su mensaje no implica anunciarlo solo con palabras, sino que al sentirnos amados por Él, nos volvemos instrumentos de su obra, inundando toda nuestra realidad, nuestra vida cotidiana de este amor, y es allí donde debemos ser fieles. Sabiendo que servir a Dios no es sólo servir a la parroquia, o a la comunidad a la que pertenezco, sino que el hecho de ser cristianos tiene que hacerse presente en cada una de las situaciones de nuestra rutina diaria.
Así como San Roque abandonó su casa y su patria para hacerse mensajero del Evangelio, en un tiempo con muchas dificultades, siendo sembrador de luz, en medio de los desesperados, nosotros también tendremos que abandonar aquellos prejuicios, miedos, costumbres, que no nos permiten vivir plenamente por y para Dios.
Oración: Felices los que siguen al Señor
por la senda del buen Samaritano.
Los que se atreven a andar tras sus pasos.
A superar las dificultades del camino.
A vencer los cansancios de la marcha.
Los que al andar van trazando
sendas nuevas
para que otros sigan,
entusiasmados,
y continúen la obra del Señor.
Los que, atentos y presurosos,
cambian su ruta
para salir al encuentro del Señor vivo
en el que sufre,
tan presente en estos tiempos,
tan cercano para algunos,
para otros tan lejano. Amen.
Parada 2:
Sigamos entonces con este proyecto de vida, y la segunda frase del testamento nos dice:
“Sé siempre compasivo y misericordioso hacia los pobres, las viudas y los huérfanos”
Cuando menciona a pobres, viudas y huérfanos, tenemos que pensar que en el tiempo de San Roque ellos eran los rechazados, los excluidos, los marginados; los sobrantes… Es a ellos a quienes deberíamos tener en cuenta, si bien hoy en día no usaríamos los mismos términos, sabiendo sobre todo que conforman una gran mayoría silenciosa. Aunque es cierto que a veces frente al diario vivir, esta tarea resulta difícil, no debemos seguir andando sin mirar a nuestro alrededor. Siempre existe un modo, una forma de acercarnos, de ofrecer una sonrisa, de dar una mano, de estar dispuestos a ayudar, de brindar un momento de nuestra vida para compartir con el otro.
Ser compasivos se trata entonces de no ser indiferentes frente al dolor y a la realidad de los demás. Que no nos alcance con el bienestar propio, que sintamos siempre la necesidad de aportar al bienestar del que tengo a mi lado. Que el otro no se convierta en un viejo mueble que estoy acostumbrado a ver.
Y es esto justamente lo que nos enseña la vida de San Roque, quien a pesar de contar con todo aquello supuestamente necesario para una vida feliz y tranquila no dudo en arriesgar hasta su salud para socorrer a los excluidos por las pestes.
Oración: Felices los que dan la vida por los demás.
Los que trabajan duro
por la justicia anhelada.
Los que construyen el Reino
desde lugares remotos.
Los que, anónimos y sin primeras planas,
entregan su vida para que otros
vivan más y mejor.
Los que con su diario sacrificio
abren huellas de humanidad nueva
en un mundo mellado
por el egoísmo neoliberal
del "dios-mercado". Amen.
Parada 3
Compartamos la tercera frase de este testamento que anima al Amor.
“Haz buen uso de mi herencia, de la cual serás propietario y administrador”
Y aquí debemos prestar especial atención ya que pareciera que se mencionan únicamente los bienes palpables o monetarios. Y aunque también se refiera a eso, sabemos que no heredamos solo esto de nuestros padres o de quienes nos hayan acompañado en la vida. Son ellos los que a través de los años van ofreciéndonos las herramientas para llegar a ser quienes somos. Es importante tener presente esto para que con el tiempo podamos valorar aquellas cosas que nos inculcaron y aunque parezcan pocas, no lo son.
San Roque recibió unas de las más preciadas herencias, la fe que nos revela que somos hijos de Dios y por lo tanto sus herederos. Es este el legado más bello que como propietarios debemos aprender a administrar. Este amor que nos llega por medio del Espíritu Santo, que con sus dones nos brinda la fuerza y los elementos necesarios para salir al encuentro siendo verdaderamente cristianos.
Mientras continuamos armando nuestro rompecabezas, jóvenes de la comunidad les entregarán alguno de los preciados dones que recibimos del Espíritu Santo. Reflexionemos, cada uno, acerca de este don en particular que hoy Dios nos pide que tengamos presente.
Oración: Felices los que aman al hermano concreto.
Los que no se van en palabras
sino que muestran su amor verdadero
en obras de vida, de compañía
y de entrega sincera.
Felices los que enseñan,
los que intentan que todos aprendan
sin distinciones de color, piel o dinero.
Felices los que comparten sus bienes
Dones-regalos del Buen Dios
para vivir como hermanos
y demostrarlo en la práctica.
Los que no guardan con egoísmo
sino que brindan y comparten.
Parada 4
La cuarta frase del testamento para este proyecto de vida nos dice:
“Visita frecuentemente a los enfermos en los hospitales”
Como ya les mencionamos antes, San Roque fue peregrino y por lo tanto fue al encuentro de aquellos que lo necesitaban. En aquel momento la peste negra se había convertido en una gran amenaza excluyendo a quienes la padecían. A pesar de las advertencias sobre el peligro nuestro patrono no dudó en correr riesgos.
Pensemos nosotros en todos aquellos lugares o personas a los que tememos acercarnos y que sabemos que se encuentran necesitados del amor de Dios. No precisamos irnos demasiados lejos, se trata de mirar a un costado, de dejar a un lado los prejuicios, los miedos y animarnos a ensuciar nuestras manos recordando que en el otro y en mí Jesús está presente.
Pero además, como San Roque debemos salir de donde estemos e ir al encentro del enfermo. Y sabemos que hay muchos tipos de enfermedades que no solo tienen que ver con la salud. La falta de fe, de ideales, los vicios, la angustia, la indiferencia, la soledad, el egoísmo, la discriminación y muchas otras que podríamos seguir nombrando.
Oración; FELICES
LOS QUE VIVEN
EL MANDAMIENTO PRIMERO
QUE ES AMOR A DIOS
EN EL HERMANO. Y en estos días de final de siglo
por tanto egoísmo e indiferencia signados,
felices los que encuentran
que este amor, hoy,
se revela en un camino:
SER SOLIDARIO.
Oración final: